Jorge Federico Restrepo, un señor invidente que ocasionalmente toca su viejo acordeón a cambio de unas monedas a la entrada del Jardín Botánico de Medellín.
Por lo visto, disfrutas haciendo que todos se enteren de nuestros problemas personales.
No sé qué pretendes ganar al escribir todas esas cosas de mí en la red. ¿Dañar mi reputación? ¿Que todos tus tristes y contables amigos se enteren de lo miserable que soy? Pierdes el tiempo, creo que ellos ya lo saben. ¿Y mis amigos? Dime el primero, porque ni yo los encuentro.
Me haces ver como la peor persona del mundo, ¿y sabes qué? Ahorita pienso que tal vez puedes tener razón. Soy la peor persona de este mundo. Me acusas de engañarte cuando no es cierto. Me acusas de acciones tan telenovelescas como pensar en otra chica mientras te beso, que me dan ganas de vomitar por tanto cliché. Es cierto, conocí a una chica que me parece bonita. Una chica que es amable conmigo, que las tardes tristes en Medellín, las ha alumbrado con una sonrisa. Una chica con la que he tenido que ser un poco serio y frío para evitar ilusionarme con cosas inalcanzables. Cosas que en mi interior no quiero que pasen en esta vida con ella. Pero que al final tan sólo su visita me hace pensar que todo estará bien.
Y ahora me pregunto: ¿Seré yo el único? ¿Sólo a mí me pasan estas cosas? Sí, sólo a mí. Pero no me entiendas mal. Muchos hombres casados han caído enamorados de otras mujeres. Otros novios han conocido chicas con las que más tarde comparten algo más. Y a unos les fue bien, y a otros no tan bien. Unos tuvieron romances largos en secreto absoluto, y fueron tan buenos, ¡que jamás fueron descubiertos! Y Tatiana, te digo. Soy hombre, y en los almuerzos y salidas a beber, los hombres hablan más que de fútbol. Y siempre odie eso, siempre imaginé esas pobres esposas, hijos, sin pista alguna de lo que hacían sus maridos y padres. Y elegí no tomar ese camino. Porque te quiero, porque te respeto. Elegí la honestidad y con ella me quedo. Te conté que me gustaba una chica de mi trabajo pero que no te preocuparas que (lo sé con certeza) nunca pasará absolutamente nada, y más teniendo en cuenta que mis días en esa ciudad están contados. Pero de repente, esa honestidad que ustedes tanto piden y desean, fue la misma que acabó esta relación.
Te preguntarás tal vez, ¿me arrepiento de confesarte eso? No, no me arrepiento. Mereces la honestidad, así tu no sientas de la misma forma. La relación contigo ha sido algo horrible cuando viene a las discusiones. Tantos años de telenovelas finalmente hicieron efecto en tu personalidad. Y el problema contigo es sencillo. Crees en el destino mágico, en un príncipe azul. En alguien que te amará como el primer día todo el resto de tu vida. Pero este es el planeta tierra y no todos los días sale el sol. La vida cambia y es un proceso normal. Pero es lo que no quisiste entender. Y si fui honesto contigo es porque te amaba, porque uno muere por dentro cuando tu chica vive en la ignorancia de lo que pasa por tu cabeza. Pero no, tú te hundiste solita en tus cuentos de gorduras imaginarias y mentiras de que nunca fue amor, e inventaste historias que sólo pasaron en tu cabeza porque no tengo el mínimo interés de mentirte.
Y como te dije, ve y consigue un tipo que no sea como yo. Después de todo eso es lo que les gusta a ustedes, ¿no? Vivir en una telenovela perfecta creada por Fernando Gaitán. Y será fácil encontrar tipos allá afuera con muchos secretitos y capas que probablemente nunca sabrás. Yo te entregué todo lo que soy y bien lo sabes, sin máscaras, sin rincones sucios donde una escoba no alcanza a llegar. Fabián en 12 tomos, toda mi vida ante ti. Tanto que tú me conoces más que nadie en este mundo y bien lo sabes. Pero rechazaste todo. Como te dije, muñeca, la honestidad lastima, pero nos ayuda a saber qué tenemos, y quería que confiaras en mí, porque así mismo todos los te amos tenían la misma validez por mi honestidad. Pero los botaste a la basura. Los creíste untados de cucarachas imaginarias.
Tata, solo recuerda que la honestidad no tiene una cara bonita como los clasificados de contactos y los políticos nos hacen ver. Respecto a las cosas mías, si quieres quédatelas, haz lo que te plazca. Si quieres rompe tu Kindle contra un andén porque alguna vez fue mío, si quieres quema la calculadora porque alguna vez me ayudó en una evaluación de Trigonometría. No me importa. Tu madurez es tu problema, no el mío. Si te hace sentir mejor quemar todo el resto de cosas, bienvenida seas. Yo no necesito nada de lo que te di. Yo tengo mi Kindle, la matemática no me interesa tanto y conozco un sobrinito al que le van a gustar los peluches que vos me diste.
Si te hace sentir mejor, mañana me voy. Me iré a vomitar mi depresión a otra ciudad para no contaminar tus preciosos pies. Ojalá te siga yendo bien con tu nuevo novio, que tal vez hasta por eso terminaste conmigo. No tengo amigos, pero como un buen solitario simplemente planeo refugiarme en los libros que tan buena compañía me han hecho en tu ausencia. Ese es mi maravilloso plan. No me apetece buscar prostitutas como tú sugieres, solo quiero unas semanas tranquilas en mi soledad. ¿Sabes? Al final viendo todo esto, sencillamente no eras lo suficientemente inteligente para estar a mi lado. Eres solo una niña. Una niña que me costó dos años de mi vida enseñarle a escribir un párrafo coherente, solo para que al final lo escribiera para echarme de su vida, irónico, ¿no? Así es la vida.
Listo, este es un párrafo de exposición sobre la situación para tus amigos y los chismosos que leen esto. Si le vas a dañar la reputación a alguien al menos deja que éste se defienda, y créeme que a fin de cuentas por estos lares a nadie le interesa quién es Fabián Aguilar, pierdes el tiempo, a nadie le interesa lo que pasa por mi cabeza salvo a mí y ya me hiciste suficiente daño estos grises días. Con su permiso me voy a alistar mi maleta y a pensar en mejores vainas que en tu infantil perspectiva de las cosas.
Mierda, se me hizo tarde. Ya no alcanzo a desayunar. Mierda, no alcancé el bus. Mierda, esa señora me está mirando mal. Oiga, no me pise, vaya pise a su madre, idiota. ¡Vean a esta! Esa silla era para mí, yo la aparté con mi mirada, vieja estúpida. Oiga, ¡déjeme por aquí!, ¿me va a llevar hasta donde su madre? Tan bobo, le dije en el andén, no en la alcantarilla. Llego a la oficina, mierda, quiten esas sombrillas que casi me voy de narices. Este escritorio está vuelto mierda. Carajo, doña Bertha, ¿qué le echó a ese tinto que sabe a trasero? Prendo el PC. Mierda Adobe Reader, no me interesa descargar las últimas actualizaciones. Maldita sea, Lucy no me ha respondido el e-mail. ¿Será que le vuelvo a escribir? ¿Será que mi mensaje se hundió entre notificaciones de Facebook? Mierda ya no me quiere, seguro me cambió por un David o por un Federico. Mierda, error 403 Forbidden. Apague esa chicharra, si quiere le regalo mis puercos audífonos, sólo a usted le interesa el tema del día de Julito, ¡a mí déjenme la sucia vida en paz! Mierda Lucy, sácame de esta cochina caneca de incertidumbre. Qué hambre tengo, voy a la tienda. Don José, regáleme una Pony Malta para llevar que me muero de amor y a mí la cerveza me sabe a picho.
Qué mierda, sigue sin responderme. No fue mi culpa que esa buseta la salpicara de agua de charco y chichí de loquito. No fue mi culpa que luego entramos a una cafetería y en la empanada le salió un ratón muerto con carita de “te amo pero me cansé”. No fue mi culpa que saliendo nos atracaran y se le llevaran tres Chocorramos que llevaba en la maleta. No fue mi culpa preguntarle por qué llevaba tantos Chocorramos en la maleta. No fue mi culpa besarla y detenerme para escupir media cola de ratón triste. Mierda, las sombrillas ya están secas, recójanlas que casi me parto hasta el alma. ¡Lucy contéstame ese maldito e-mail! Lunes asqueroso, me hiciste sangrar la nariz. Ay Lucy… Lucy 404 feelings not found.
Hey tu nena, no te vayas, no te vayas que me tienes que ayudar a raspar estos boletos, creo que ganaré algo esta vez. Y ella, no chato, ¿qué piensas de esta puta vida? Yo no soy tu muñequita de trapo trip trip trip. Luego se va alejando, se acerca al andén y coge el colectivo amarillo chito de Transportes Nuevo Horizonte. Me hace pistola antes de subirse y me dice, no nene, yo no sé qué piensas tú de esta puta vida y el colectivo arranca y se pierde entre los huecos de la 72.
Luego me quedo plantado como una bola oliendo su perfume, su olor a ciudad, a déjeme en paz. El olor de su cabello a jugo Hit tropical con empanada. Me figuro, me figuro en esta asquerosa vida. Luego un desechable se me acerca y me dice, oiga parce, no quiero chuzarlo, todo bien. Y yo, no tengo un peso, todo bien. Si quiere escúlqueme, y el indigente se aleja diciendo, tan rogado el pendejo.
Me hundo, me dan ganas de quitar esta tapa de alcantarilla y ahogarme en la mierda de esta ciudad. Pensé en ella, debería estar en su colectivo sentada al lado del conductor hablando de lo dura que está la situación, y el conductor, sí, mija, la situación está muy dura, córranse para atrás o los bajo, la señora de la bolsa de Carrefour pague doble pasaje que me está incomodando a los pasajeros, pague o la bajo. La situación está muy dura, mija.
Sin tanta prisa, esperando solo el día de irme con mi chica a vivir calmadamente a una de esas casitas coloniales donde Don Chiche se la pasaba echando chisme. Las casitas que solo los viejitos de La Candelaria y los amantes del centro de Bogotá saben apreciar. Una casa tranquila, una casa no-me-joda-la-hijueputa-vida-que-estoy-mamado. Una que quede cerquita a Monserrate para subir todos los sábados con mi novia y decirle, ¿cómo vas? ¿Quieres una Canada Dry? Las tengo en mi maleta, las compré mientras te secabas el pelo en el jardín. Y ella diría: Qué rico, guapo, me muero de sed. Glup, glup. Después arriba nos besaríamos un rato y ella me señalaría una parte del panorama de la ciudad, y me diría, mira allá vivía, y yo le diría, huy mira ese Carrefour. Desde acá se ve, y ella me miraría con esos ojos de color nunca-se-sabe-el-tono. Oiga sr. Sol, dígame Ud. de qué color son los ojos de mi novia que me la paso el día dudando, es como si me tomaran del pelo. Luego más tarde después de reírnos de extranjeros de cuello largo con pinta de modelos de Tumblr, bajaríamos al lugar donde vivimos, yo atrás de ella, viendo cómo agita ese trasero. Hey tú, Pareces de gelatina.
Luego le preguntaría si quiere que almorcemos y ella, no chato, no tengo hambre. Entonces nos besaríamos un rato y luego iríamos al Parque de los Periodistas a drogarnos con Smarties, a ver viejitos que cada día se están quedando más dormidos en las sillas. Cada día un poquito más.
Y pensaríamos en los lunes, y no sentiremos ese fastidio en el pecho, como cuando uno muerde una papa picha, mañana es lunes y a quién putas le importa, no tenemos trabajo. Nos cansamos, ella se hartó del timbre de ese maldito teléfono cada vez que la llamaban para joderle la vida y yo me cansé de los estornudos incesantes en la oficina y de las charlas de fútbol en el almuerzo. Es lunes y qué bien porque tenemos que devolver Watership Down antes de las tres a la biblioteca. Hey mono, ¿subimos por el parqueadero o por el jardín? Y yo le digo, por el jardín mona, que te ves hermosa cuando cruzas al lado de esos crisantemos.
Y es que a veces cuando llevo mucho tiempo sin suspirar, te siento muerta.


